martes, 7 de diciembre de 2010

SOBRE LAS PARADOJAS, JOHN DONNE - por Jeyson Pardo


John Donne/Paradoxes-Paradojas/Traducción Andrea Rubín//Impreso en Valladolid, España 1994/Ediciones, Cuatro/40 páginas.



LAS PARADOJAS



Introducción

Es válido citar a Caracciolo Trejo, cuando afirma que en cualquier estudio que se haga sobre John Donne, se debe tomar en cuenta su excepcional talento, en el sentido histórico en el que vivió. Fin de la época Isabelina y los inicios del modernismo. Ahora bien, Donne nace en la cuna de una acomodada familia católica londinense, a eso de 1572, la fecha no es bien establecida, pues no hay registro de ello; es tercer hijo del Comerciante John Donne y Elizabeth Heywood.  Crece en un ambiente totalmente artístico, pues muchos de sus familiares asistían a tertulias literarias, y por ende el tema de las artes nunca faltó en su infancia. En 1592 se hace jurista en la famosa academia de leyes Lincoln´s Inn. En esta época, el esplendor y las complicaciones del reinado de Isabel I (1558-1603). Contrae secretamente matrimonio con Ann More, la hija del hombre de leyes, y profundo Amigo de Donne, Sir Thomas Egerton. Un año más tarde del matrimonio, y al percatar que Ann está embarazada, decide hacer pública su boda; este hecho acarreó su despido de la corte por parte de  Egerton.

Al final de la época Isabelina nace la primera de doce hijos, Constance. Viendose inmerso en tan difícil situación, viaja a Irlanda, en busca de un puesto en la administración pública, para salir de sus dificultades. Aunque nunca lograría trabajar en la vecina isla. En 1610, renuncia al catolicismo y pasa al anglicanismo, por ende recibe un diploma de Oxford, en Master Of Arts. En 1611 Sir Robert Drury se percata del artista perdido y desperdiciado en Irlanda, decide entonces emprender un viaje por toda Europa junto al poeta. En parís se publican algunos poemas como «Break of Day» y «The First And Second Anniversary»  haciéndole cierto reconocimiento, luego publica una de sus grandes obras «Elegy upon the Ultimely Death of the Incomeparable Prince Henry» con el cual se hace de cierta fama en la escena Parisina. Vive sin inconvenientes por 4 años, hasta 1615, año en el cual fallece Ann por sobreparto, ella deja doce niños, cinco de ellos nunca llegarían a la adultez. En los años siguientes la carrera artística de Donne se detiene por sus meditaciones sobre de la muerte y la vida. En (1619) lee ávidamente los ensayos de Montaigne, que influenciaron profundamente su obra. Ya un poco retirado de la poesía, y dedicado más a las meditaciones sobre la naturaleza, la vida y la muerte. Escribe cerca de 1626 los ensayos,  «El Biathanatos » y « Paradoxes». En 1630 ya enfermo y al borde de la muerte publica «Devotions» junto a su Testamento.



Las Paradojas

Las paradojas, es un libro compuesto de 10 ensayos, acerca de las profundas meditaciones que dieron lugar en 1615 y 1630, La primera paradoja, Que todo se destruye a sí mismo, es una profunda reflexión sobre el ser humano, como artífice de su propia destrucción, la vida corta ante una muerte eterna; en palabras de Voltaire la fugacidad de la vida. El segundo ensayo, Que a las mujeres les favorece pintarse, es un jocoso escrito sobre la utilidad de algunos maquillajes en ciertas mujeres de odiosa belleza. El tercer ensayo, Que los hombres viejos son más insensatos que los jóvenes, es una crítica lanzada desde el día de ayer, cuando Donne escribió su ensayo, a su yo adulto o el día de hoy. También es una crítica sobre las acusaciones de los viejos, a la jovialidad perdida. El Cuarto Ensayo, Que la naturaleza es nuestra peor guía, es un pensamiento sobre, la desmesura que producen nuestros cuerpos, y por lo tanto al error que estamos expuestos diariamente, las 24 horas, si dejamos que nuestros sentidos, “entren” en el cristal de nuestras almas. Que solo los cobardes se atreven a morir, es el título del quinto ensayo de las paradojas de Donne, él expresa un paralelo sobre el valiente y  el cobarde, enseñando que los dos corren una misma forma de vida aunque su destino es distinto, y solo la forma de interpretación sobre su futuro, hace que cada uno tome cierta diferencia, para que se les adjetive el valiente, o el cobarde. El Sexto ensayo, Que los dones del cuerpo valen más que los del espíritu o la forma, es una paradoja sobre su cuarto ensayo, Donne argumenta las bondades del cuerpo para con nuestro espíritu, pues en palabras del autor, nuestro espíritu no conocería lo que es conveniente, si no conoce las bondades y los errores de nuestro cuerpo. El Séptimo ensayo, Que a un sabio se le conoce por reírse mucho, es una crítica hacia el austero filósofo. Donne dice, que las cualidades, la meticulosidad, el razonamiento, y el descubrimiento, son mismas cualidades que contienen la risa. Por ello, invita al intelectual, a aprovechar el máximo de los dones del cuerpo y espíritu. El octavo es un ensayo, por algún modo decirlo, cómico, en el Que el bien es más frecuente que el mal, Donne presenta una especie de positivismo, predicando al lector que: “quien arruina su vida lo hace por cuenta propia”, aparte de ello, el bien es más abundante que el mal, pues el bien es “frecuente y usual en los hombres”. Para el noveno ensayo, Que la desunión hace la fuerza, presentaré como indicio el epígrafe que presenta Donne, nullos ese Deos Inane caelum/ affirmat selius, probatque, quod se/ factum, dum negat haec, videt beatum. («No hay ningún dios; el cielo está vacío, afirma Selius, y lo prueba porque todo se ve prosperar negando tal cosa»). El décimo ensayo, Que es posible encontrar alguna virtud en ciertas mujeres, es una construcción textual sobre los defectos y virtudes femeninos, una parte de este gracioso ensayo, dicta lo siguiente: No soy descarado para defender o condenar a las mujeres. Sin embargo, cuando vemos a los médicos conceder a todos los venenos alguna virtud, ¿Por qué no deberíamos, ay, hacer excepción con las mujeres?



Sobre las Paradojas de Donne.

Qué sentido tiene la vida, cuando es tan corta, cuando se torna sueño, cuando es tan odiosa con nosotros. Donne al igual que Khayyam, busca responder, o si quiera, dar una opinión personal en estas líneas. La brevedad y la función de la vida. Recuerdo su Biathanatos, él expone que Dios, cuando creó su universo en siete días, estaba creando su patíbulo. Algo así sucede en la cosmovisión de Donne, que sin ser un místico como Dante o como Blake, pudo responderse a sí mismo la función de la vida ante tan cruel acto, el acto del destino. Vivir es un gran esfuerzo, pensaba Barba Jacob, y no sé qué tan cerca pudo haber estado el colombiano del inglés, pero puedo asegurar que los dos poetas, al igual que muchos, poseen ese símil en su escuela. El profundo ser de las paradojas, es un espíritu viviente de Donne, en estas letras se ve la profunda curiosidad por la muerte, por Dios, por el cristianismo, por la pérdida de su prohibido amor, por los hijos que invaden sus cuentas. Todo ello, toda su vida está en las letras de Donne.
El gran escritor latinoamericano Jorge Luis Borges llama a Donne, el gran poeta del manuscrito de fuego, refiriéndose al ensayo Biathanatos y la época incendiaria en el que fue publicado, pues como ayer, hoy, y mañana. La vida de las artes será un contratiempo. Pero será la única y clara esperanza que pueda obtener la humanidad
El nuevo critico Wimsatt escribe que: para que una metáfora tenga fuerza, conmueva, y en pocas palabras, sea buena, hay que contraponer dos imágenes: fuerte-débil, oscuridad-lúcido etc. Donne tiene esa increíble habilidad, (y para mi esa nueva habilidad) de contraponer los ensayos; ¡no hay que dejar a la naturaleza ser nuestra guía! afirma en algún momento de la mañana, ¡las delicias del cuerpo son la virtud de nuestro espíritu! piensa mientras duerme.
No tengo mayor objeción contra el pensamiento de Donne, de hecho estoy de acuerdo en muchas de sus líneas. Válido en el siglo XVII, y válido cuatro siglos después. Aunque, en sus escritos mas “pesimistas” hay cierto grado de sinceridad acumulado, en verdad quiere hacer la imagen de su pensamiento, y las palabras que usa son las correctas; o por lo menos, lo son mas cuando él contrapone sus ensayos pesimistas, contra los positivistas. Admito que soy un fiel seguidor del maestro de Nietzsche y fundador del pesimismo. Tal vez por eso sea más fidedigno de los planteamientos que conllevan desesperanza en medio, pero sin ser radical, y sin quitar mérito a sus otros ensayos positivos, en los cuales vale la pena destacar Que a las mujeres feas les favorece pintarse, y Que el bien es más frecuente que el mal, done maneja con maestría y claridad los temas más comunes y normales del diario vivir.
Dejo mis palabras escritas, y una opinión abierta. Cada quien juzgue los escritos al placer que pueda producir, a ese éxtasis que ocurre al estar frente a una obra de arte. Este es mi humilde pensamiento, estas son mis cortas líneas. Sobre uno de los grandes maestros, Donne mentor, de la que algunos años después será, la fuerte literatura inglesa, que muchos amamos.



Estudio en la literatura.

Las posibilidades, o formas de anclaje de un texto como las Paradojas, en la lectura son infinitas. En Bogotá, el entorno literario suele ser una actividad joven, prácticamente en descubrimiento. No sé que tanto la academia pueda aceptar este tipo de visiones, o tergiversaciones de lo que es para mí, es la literatura “pesimista”. Mi concepción del texto, (a mi cuarto de vida católica) es un libro de negación, de profunda meditación sobre los actos, sobre las consecuencias, sobre ese eterno péndulo que oscila entre el dolor y el aburrimiento, sobre la razón, y el ocaso del vivir. El mensaje, puede ser un poco fuerte, y digo fuerte, porque los asuntos de negación ante ciertas lecturas, que pueden ser contraproducentes, son muy comunes últimamente; o eso sucede muy a menudo entre compañeros de la academia. En cuanto a forma y estilo, el texto es impresionante, no sobra repetir la adjetivación de grande concedida por el maestro Borges. Los ensayos de Donne son de gran valor y calidad literaria. Al igual que el poeta inglés, las posibilidades de este texto son infinitas.

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