viernes, 3 de diciembre de 2010

EL Barón de Münchhausen

Por: Alfredo Robles Ayala.























Autor: Rudolf E. Raspe.                                                                                                                                                                     Título del libro: El Barón de Münchhausen.                                                                                                         Editorial: Longseller (clásicos de bolsillo).                                                                                                        Año/lugar: argentina- 2002.                                                                                                                                     Número de páginas: 158.   




Rudolf E. Raspe nace en Alemania, más precisamente en Hannover, en el año  1737. Es un escritor y científico; durante algún tiempo se dedica al campo de la ciencia y la naturaleza, es así como en 1763 publica Specimen Historiae Naturalis.   Luego de este lapso científico, Raspe, se integra al mundo de la filosofía y las letras escribiendo para una revista de la época; es Raspe quien publica los escritos póstumos de Leibniz.
Su obra cumbre, para algunos, es el Barón de Münchhausen. En ésta, el Barón, mientras toma en un bar, cuenta las historias de sus aventuras a todo el público presente; sus historias son algo fantásticas, pero como él mismo dice, todas son verdaderas.

En este libro nos encontramos con un hombre que ha terminado de vivir sus aventuras, algo extraordinarias, y ahora lo que hace es contarlas al público en general. El Barón de Münchhausen, es un hombre que ha tenido una vida muy interesante y poco creíble de la vida.
Sus historias más que nada se desarrollan en el mar, es allí donde tienen acontecimiento sus más excéntricos relatos. Algunas de las escenas que marcan la memoria y hacen dudar al lector de la veracidad del Barón a la hora de contar sus relatos, están en su viaje a Rusia y sus primeras aventuras de marino. El Barón mantiene todo el tiempo al lector entretenido con sus aventuras, todo lo que él cuenta está bajo el carácter de la sinceridad y la modestia entre otros; es el Barón quien se considera un modesto ser, es más, solo cuenta lo básico de sus historias, nunca exagera y no se vanagloria de sus aventuras con mujeres.
 Este hombre es tan vigoroso como para poder alzar todo un carruaje y tan ágil como para montar una bala de cañón y cambiarse de bala para poder regresar a su punto de partida; por otra parte también tiene un séquito de hombres demasiado interesantes, desde un hombre que corre  a una velocidad destellante, hasta uno que puede con un soplo de su nariz causar toda una catástrofe con los vientos. Por lo demás también hay que hablar de sus perros y sus caballos, tiene perros tan fieles como para quedarse durante mucho tiempo en la misma posición, esperando el regreso de su amo y un caballo tan potente como para que se divida en dos mientras corre.
Pero dejemos que sea él quien nos muestre sus extraordinarias e increíbles aventuras:
“Un día estuve en gran peligro de perecer en el Mediterráneo. Bañábame una hermosa tarde de verano no lejos de Marsella, cuando vi un gran pez que flotaba rápidamente hacia mí con tamaña boca abierta. Imposible era salvarme, pues no tenía medios, ni siquiera tiempo. Sin vacilar, me reduje a mi menor expresión, esto es, me hice un ovillo, doblando todos mis miembros contra mi cuerpo, doblado también; y en aquella forma me deslicé entre las mandíbulas del monstruo hasta su mismo tragadero.
Ya allí, me encontré en la mayor oscuridad y en un calor que no me era desagradable. Mi presencia en su gaznate lo molestaba singularmente, y estoy por decir que de muy buena voluntad se hubiera desembarazado de tan indigesta merienda; para serle aún más incómodo, me puse a andar, a brincar, a bailar, a hacer, en fin, mil locuras en mi prisión. La giga escocesa, entre otras danzas, le era, al parecer, muy desagradable. Daba gritos lastimeros y se ponía a veces derecho, echando medio cuerpo fuera del agua.
En este ejercicio fue sorprendido por un barco italiano que le arrojó el arpón y dio cuenta de él en muy pocos minutos…” (pag. 77)

Gracias al comienzo de esta aventura, una de las más cortas, ya podemos darnos una idea de lo que ha sido la entretenida vida del Barón. Un hombre que cual Simbad el marino, también tiene luchas con enormes peces y aventuras marinas dignas de contar a todo un público.

En síntesis podemos hablar de este libro como uno típico de su época. Durante este siglo (XVIII)  nos encontramos con un fervor de los autores por contar aventuras poco usuales, como es el mismo caso de  Swift con los “viajes de Gulliver”.
Lo que distingue a este libro de los demás es la inmensa sátira y fantasía que maneja; este libro, bajo mi concepto, esta burlándose de otros de la época: así como Gulliver viajó a Liliput y conoció a estos diminutos hombres, el Barón, sembrando un árbol, fue a la luna para recoger su hacha perdida.

El Barón de Münchhausen es un libro bueno, esto solo por darle un valor calificativo, no con el ánimo de juzgarlo ni de querer estar dando un juzgamiento del autor. Las historias narradas en algún momento parecen algo absurdas y un poco salidas del tono de la realidad, pero luego recordamos que de eso se trata, de un hombre que ha tenido la suerte de que su realidad éste llena de  estas historias y es uno quien debe darse cuenta de ello, no ver lo absurdo, sino envidiar la vida de un hombre que tuvo la suerte de una vida así, al mejor estilo de un Quijote.

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